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joi, noiembrie 5, 2026

Carlos Sarduy: “El Arquitecto de la Noche”, el jazz llevado a escena

Teatro-jazz con movimiento corporal, concebido para el circuito de Spania y Franța. Dirección y personaje del ARQUITECTO: Alexandru Pribeagu. Voz y guitarra: Mădălina Petre. Textos y gestión cultural: Andrei Slăvuțeanu.

Hay noches de jazz que se interpretan con perfección y noches en las que el jazz, sin dejar de ser jazz, adquiere dramaturgia. “El Arquitecto de la Noche” pertenece a esta segunda clase: un concierto escénico donde música, palabra y movimiento corporal trabajan juntos sin taparse. No es “fusión” de cartel; es una noche concebida como recorrido.

La trompeta de Carlos Sarduy es la firma sonora: un timbre reconocible que no exige aplausos por adelantado. No entra para “dar color”, sino para dibujar el espacio para que la noche del título parezca construida, con habitaciones y pasillos, no solo sugerida. Hay momentos en los que una sola frase de trompeta cambia el peso de una palabra, y el espectáculo apuesta precisamente por esa inteligencia del detalle.

Alexandru Pribeagu firma la dirección y está en escena como ARQUITECTO: actor que sostiene el texto y escribe el movimiento a la vez. Aquí el movimiento corporal no es número ni adorno: es una gramática discreta, con silencios medidos y entradas precisas. Se percibe un ojo formado más allá de fronteras (incluida una etapa en Sorbonne Nouvelle University), pero la pieza no presume de ello: se nota en la economía, en la preferencia por el matiz antes que por el efecto.

Con Mădălina Petre, voz y guitarra no funcionan como acompañamiento, sino como presencia que mantiene el aire en tensión. Su voz tiene algo raro: puede ser instrumento, réplica, confesión sin caer en el subrayado. La guitarra no rellena; delimita. El “wow” aquí no viene del volumen, sino de hacer que el público se acerque.

Los textos llevan la firma de Andrei Slăvuțeanu, que asume también la gestión cultural. Tras el recorrido de títulos como “Aproape Înger” y “Nimeni nu aplaudă”, vuelve con una escritura que no explica la emoción: la deja en pocas frases bien cortadas, lo justo para que la música diga lo demás.

El final no busca cerrar “bonito”, sino sellar:

ARQUITECTO: “Și dacă a mai rămas ceva după noi / e muzica. / Ea ne va supraviețui.”
CARLOS: “No es el final. Es la última nota.”

Y cuando cae la última nota, queda esa sensación difícil de etiquetar como “concierto” o “teatro”: una experiencia que no te pregunta nada y, sin embargo, te toca como si hubieras estado ahí exactamente cuando tocaba.

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