Ocho acróbatas y un músico convirtieron el escenario del Teatro Conde Duque en un espacio de equilibrio, confianza y realidades observadas desde distintos ángulos
foto- TENET. Eunoia Kolektiva
Por Andrei Slăvuțeanu
En un festival de verano que convierte Madrid en una red de escenarios, patios históricos, museos y espacios públicos, TENET, la creación de la compañía catalana Eunoia Kolektiva, llevó al Teatro Conde Duque un lenguaje escénico situado en la frontera entre el circo contemporáneo, la danza, el teatro físico y el ensayo visual.
La representación del 14 de julio de 2026 formó parte de la 42.ª edición de Veranos de la Villa, una de las grandes citas culturales del verano madrileño. Organizado por el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, con la gestión operativa de Madrid Destino, el festival reunió entre el 7 de julio y el 30 de agosto conciertos, espectáculos de teatro, danza, flamenco y circo, además de cine y artes visuales, distribuidos por distintos espacios y distritos de la capital española.
Dentro de esta extensa arquitectura cultural, TENET ocupaba un lugar singular. No era un número circense ampliado hasta alcanzar la duración de un espectáculo ni una mera exhibición de virtuosismo físico. Su punto de partida era una pregunta en apariencia sencilla: ¿qué sucede con la realidad cuando cambiamos el lugar desde el que la observamos?
Sobre el escenario había ocho acróbatas y un músico. Los cuerpos se elevaban, se sostenían, se invertían y desplazaban su centro de gravedad. Una misma situación podía contemplarse desde arriba o desde abajo, desde el interior de una construcción humana o desde sus márgenes. El movimiento no cumplía únicamente una función espectacular. Se convertía en una forma de pensamiento.
TENET parte de la técnica de los portés acrobáticos —elevaciones, apoyos y transferencias de peso entre intérpretes— para construir una dramaturgia sobre la perspectiva, la cooperación y la fragilidad de cualquier orden. Ningún cuerpo puede permanecer suspendido sin los demás. El equilibrio individual depende de una estructura colectiva, y la fuerza de quien eleva carece de sentido sin la confianza de quien acepta ser elevado.
La compañía no propone una trama teatral convencional. No hay personajes definidos psicológicamente ni una historia explicada mediante el diálogo. Lo que existe es una sucesión de relaciones: entre la simetría y el desorden, el control y la improvisación, quien sostiene y quien es sostenido, lo que el público cree ver y lo que se revela cuando cambia el punto de vista.
Este desplazamiento de la mirada constituye el núcleo del espectáculo. Al principio, el orden puede resultar tranquilizador: recorridos geométricos, movimientos sincronizados, cuerpos que parecen obedecer una regla común. Poco a poco, sin embargo, la perfección corre el riesgo de volverse repetitiva y la armonía excesivamente rígida empieza a parecer una forma de limitación. De esa tensión nace la necesidad de modificar las reglas y descubrir otra clase de belleza, una belleza que ya no depende de la uniformidad, sino de la diversidad de los cuerpos y las perspectivas.
La música original y el espacio sonoro creados por Fèlix Cucurull no funcionan como un simple acompañamiento. El sonido dialoga con la acrobacia, altera su temperatura y puede conducir una imagen hacia un territorio inesperado. En ocasiones confirma el ritmo del movimiento; en otras, lo contradice. De esta relación surge una composición coherente en la que el gesto, la respiración, la luz y el sonido forman parte de una misma arquitectura escénica.
Eunoia Kolektiva nació a finales de 2022, cuando cuatro parejas de acróbatas con trayectorias personales y profesionales diferentes decidieron reunirse para desarrollar un proyecto común. TENET se convirtió en la creación alrededor de la cual el grupo construyó su identidad artística. La idea original, la dirección y la dramaturgia pertenecen al colectivo; la producción corrió a cargo de la compañía Du’K’tO, con la coproducción del Grec Festival de Barcelona.
En el proceso creativo, la compañía contó con el acompañamiento artístico de Moon Ribas y Quim Girón, la colaboración técnica de Pablo Monedero “Otto”, el diseño de iluminación de Iván Tomasevic y la aportación de Alba Prat en el vestuario. El reparto está integrado por Alessio Martelli, Amer Kabbani, Bàrbara Vidal, Bernat Messeguer, Blanca Canela, Florencia Galimberti, Guillermo Tricas y Guim Fabré, junto al músico Fèlix Cucurull.
Antes de llegar a Madrid, el espectáculo ya había recibido un reconocimiento profesional relevante. En 2025, TENET obtuvo el Primer Premio Panorama Circada, concedido en el festival sevillano de circo contemporáneo por un jurado internacional compuesto por más de sesenta profesionales. El galardón confirmó tanto la calidad técnica de la propuesta como la capacidad de la compañía para transformar el vocabulario acrobático en un lenguaje teatral y coreográfico contemporáneo.
La crítica española también había destacado esta dimensión. En febrero de 2026, el suplemento cultural Quadern, de El País, presentó TENET como una obra que supera la demostración acrobática y convierte el equilibrio, la colaboración y el cambio de perspectiva en una reflexión escénica. El virtuosismo permanece visible, pero no constituye el objetivo último. Es la materia con la que se construye la pregunta.
La elección del Teatro Conde Duque para la representación madrileña resultaba especialmente significativa. La sala forma parte del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, una de las principales infraestructuras culturales públicas de la ciudad. El complejo ocupa un antiguo cuartel real del siglo XVIII, diseñado por el arquitecto Pedro de Ribera y transformado, después de una larga historia militar, en un centro dedicado a la creación contemporánea.
A su alrededor se ha consolidado una zona cultural propia, situada entre Malasaña, Plaza de España y Argüelles. Conde Duque conserva el carácter de un Madrid céntrico, pero menos apresurado que la Gran Vía: calles históricas, pequeñas plazas, librerías, galerías, cafés y espacios independientes. Es uno de esos lugares en los que el patrimonio arquitectónico no queda aislado de la vida cotidiana, sino que vuelve a integrarse en la ciudad a través de la cultura.
En este contexto, TENET habló no solo de destreza física, sino también de una cuestión profundamente contemporánea: nuestra dificultad para aceptar que la realidad puede presentarse de forma diferente ante los ojos del otro. El espectáculo no ofrece una moraleja ni le explica al público lo que debe comprender. Lo obliga, sin embargo, a desplazar la mirada.
A veces, para que el mundo cambie, no es necesario sustituir sus elementos. Basta con moverse ligeramente y observarlos desde otro ángulo.
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